martes, 18 de marzo de 2014

La decadencia de la Universidad pública española, más allá de datos

Aunque esta práctica trataba analizar los diferentes datos estadísticos que ofreció el pasado curso educativo en España, hoy yo no voy a hablar de datos. He leído muchos, me han llamado la atención algunos, pero no me preocupan tanto como otra problemática que llevo observando en la universidad pública en general, y en esta facultad de Ciencias de la Información en particular.

Hay conversaciones entre alumnos en la cafetería de la Facultad de CCINF que pueden determinar fielmente para cualquier oyente externo la realidad que vive la Universidad pública española. Mejor que cualquier dato, de hecho. En cualquiera de esos diálogos podemos encontrar fácilmente referencias a docentes adjetivados bajo las etiquetas de “rojo” o “facha”. Estos adjetivos simbolizan perfectamente un tiempo pretérito y un sistema rancio que la sociedad educativa española debería de esforzarse en dejar atrás.
La libertad de cátedra y a la diversidad intelectual son valores indispensables de la universidad Americana, tal y como viene recogido en su “Academic Bill of Rights” creada por el SAF (Students for Academic Freedom). 

El concepto de libertad académica ha tenido su premisa en la idea de que el conocimiento humano es una persecución ilimitada de la verdad, que no hay un acceso humano a la verdad que no esté como principio abierto a la disputa, y que no hay ningún partido o facción intelectual que tiene el monopolio del saber. Pero la realidad de las aulas universitarias españolas nos indica que este “derecho” se utiliza por parte de un gran porcentaje de docentes para seguir ofreciendo informaciones y teorías claramente sesgadas, sean de izquierdas, de derechas, nihilistas o lo que sean. Sin cuestionar lo acertado o no de estas teorías, este modelo de enseñanza se aleja y mucho del objetivo de que los profesores concienticen a su alumnos de los otros puntos de vista existentes además de los propios.

La situación que (de)genera todo esto se traduce en un sector considerable de alumnos que escogen a sus profesores por proximidad ideológica, en lugar de por su calidad docente. La ecuación es sencilla. Si las condiciones del profesorado público son cada vez peores, cualitativa y cuantitativamente, el futuro de la educación ya es de por sí malo. Si a esto le sumas que un porcentaje considerable de esos docentes sigue adoctrinando, amedrentando y sesgando a la carta, el destino de la educación secundaria española teñirse de un negro cada vez más oscuro.